junio 11, 2012

Alpa

Sentado al borde de la nada misma que es el abismo de las piedras que configuran esta levedad, fresca levedad de mangas largas. El arrullo del arroyo, las cenizas que caen de mi mano izquierda vuelan hasta el lugar más bajo, miro abajo y me tiro de espaldas hacia atrás. El vértigo sigue ahí, junto con las ganas de volar.
Asoma un tibio sol, tímido, temporal y una nube lo vuelve a ocultar, maldita. La espalda toma la forma de la piedra, y con ella la paz la forma de la conciencia, o viceversa. Y viceversa...

El descenso es tan tranquilo como el ascenso pero con más cuidado y menos expectativa... mientras desandamos los kilómetros de paisaje nuevo de anteayer, la gente mira nuestro paso y yo no miro a la gente. Miro las aves que migran y me siento en parte como ellas... que no duermen cuando viajan... y me pregunto si viajarán cuando duermen... como yo, en los sueños.

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